El presente es un fragmento del libro Maldita sea la Justicia de Sr. Jorge L. Chaar Cacho quien estuvo confinado en las cárceles del Sistema Correccional Puertorriqueño. Muestra “el extremo a que se ha[bían] llegado”, allá para década de los 80, la Organizaciones Criminales carcelarias (los llamados grupos): “Ante la enclenquez de todo el Sistema, los confinados se han levantado creando organismos para atender sus necesidades y hacerse sentir”. López Viera estaba insatisfecho con el problema de El Limón respecto a los servicios sociopenales y escribió a su hijastro en Jayuya pidió a su hijastro en Jayuya pidiéndole que intercediera con el Comité de Confinados de ese campamento para que se le permitiera vivir allí. Una vez refrenada su petición por la matricula del otro campamento, le entregó la referida carta a su sociopenal para que se le tramitara su traslado. Presumiblemente el funcionario tendría que remitir copia de la carta al Programa de Instituciones Penales para allanar el asunto y superar el impedimento que conllevaba el hecho de que en ambos campamento la población penal pertenecía a bandos distintos.
El documento dice un mundo. Es un documento histórico. El término “pueblo” es utilizado figurativamente para denominar el grupo de personas reunidas en conferencia en el campamento de donde se envía la carta. Y la carta en sí es muy tozuda, como que proviene de personas confinadas que piensan que el asunto del traslado interesado por el peticionario les incumbe.
Lo que patentiza el contenido de esa carta es el extremo a que se ha llegado. La unión de confinados en cada institución es, en última instancia, una reacción desesperada y sinuosa de estas personas para llamar la atención, en vista de la desatención que sufren. Ante el descalabro del Programa de Instituciones Penales, ante la enclenquez de todo el Sistema, los confinados se han levantado creando organismos para atender sus necesidades y hacerse sentir.

Estos comités institucionales existían antes de dividirse la población penal del país en grupos. Ahora, necesariamente, cada comité representa los intereses, no de todos los confinados sino de un grupo en particular. Y la Administración de Corrección tiente que lidiar con el dolor de cabeza que tantos grupos le acarrean. Cada cárcel se ha convertido en una guarida.
La carta dirigida a López Viera es una dispensa que le confiere el Comité de Confinados del campamento La Pica, en Jayuya. Para que el Programa de Instituciones Penales pueda conceder el traslado solicitado sin riesgo de su vida. Esto demuestra que la Administración de Corrección está forzosamente constreñida a las dispensas o indultos condicionados por sus propios clientes (reos). Estos comités son la cócora que atemoriza al Sistema. ¿Interesante, no?
Pero en este caso particular estamos hablando de unos trámites previos que facilitarán un traslado. Cuando no se consigue previamente la aprobación –conocí personalmente innumerables situaciones de rechazo- y se traslada a la persona sin ese endoso, la población de la institución de que se trate no le permite entrar. Al Sistema no le queda más remedio que devolver la persona rechazada a la institución de donde proviene. Hacer lo contrario significaría la exposición de ésta a una justicia sumaria con la posibilidad de que la sentencia sea la pena de muerte. Los tribunales institucionales no se rigen por la Constitución de Puerto Rico. Las agrupaciones ahora proliferan.
Desde la década del ’80 Carlos López Iriarte c/p “La Sombra” organizó la Asociación de Confinados que más tarde se conoció como el grupo de Monacillos. Estas personas son enemigos acérrimos del grupo de Manuel A. Pérez.
El panorama institucional se complica mucho más cuando estos grupos se subdividen entre sí. Los de Manuel A. Pérez se dividen y como consecuencia nacen los grupos de Mayagüez que se convierten en enemigos de sus antiguos compañeros y siguen siendo enemigos de los de Monacillos. El grupo de Mayagüez se divide a su vez y de ahí sale otro grupo que se denominan a sí mismo Los Escrachaos.
Otras gangas organizadas son Los Pitufos, Las Avispas, Los Martínez y otros grupúsculos menos significativos. Todos son enemigos entre sí.
Pero estos grupos que cada vez se dividen en otras tribus no lo son todo. Existe, además, el problema de aquellas personas convictas de delitos sexuales. La Administración tiene que separarlos de los demás grupos, colocándolos en celdas denominadas “Protectivas”. Los enemigos de este grupo llaman a estas celdas “Polleras” y a quienes las ocupan “Insectos”.
La Administración tiene que separar también a los grandes traficantes de drogas. Estas personas son económicamente poderosos y si se dejan capear por sus respetos le organizan y le administran la cárcel. ¿Se acuerdan de los lechones y la contratación de artistas en la Penitenciaria para la celebración de las efemérides de los días especiales? Se le estaba dando muchas velas en eses entierros y poco faltó para quedarse con la institución. Con el capital que poseen estos clientes pueden mover cielo y tierra y a la Administración se les estaba yendo la cosa de las manos…
Bibliografía:
Maldita sea la Justicia, Jorge L. Chaar Cacho, Pág. 365-366

